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Escribo estas líneas en la madrugada, en medio de una noche de insomnio, la cual he pasado llorando y reflexionando, al igual que las anteriores, después de la masacre de las 28 personas, la noche del sábado pasado en la Colonia Villas de Salvárcar, la mayoría jóvenes estudiantes, varios de los cuales todavía se debaten entre la vida y la muerte.
Ayer un día dedicado a actividades de la emergencia en que nos encontramos me dejó con muchos sentimientos y sucesos que procesar: por la mañana un grupo de organizaciones y académicos intentábamos dar cuenta a funcionarios de la SEDESOL de la tragedia que vivimos, con la presencia de Clara Jusidman, solidaria incansable de la causa de Juárez. Después de allí, la misa y un acto cargado de dolor y solidaridad, con los cuerpos de 3 de los jóvenes asesinados en el CBTIS 128, donde apoyamos el desarrollo del Programa ConstruyeT, por lo tanto, un lugar familiar, con cuyos directivos, docentes y jóvenes hemos venido compartiendo reflexiones, preocupaciones y búsquedas en el último tiempo.
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