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INTRODUCCIÓN
Las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) son una nueva forma de ser Iglesia que nace desde los pobres bajo el soplo del Espíritu, un modelo eclesial impulsado por la fuerza renovadora del Concilio Vaticano II. Las CEB, en México, nacieron como una flor sin defensa, sin mucho apoyo. Para que pudiera seguir viviendo, creciendo y madurando, fue necesario tejer redes de articulación que les permitieron desarrollar su identidad. De la imagen del cuerpo humano que propone San Pablo (1 Cor 12-31), podemos clarificar el sentido de la articulación y su importancia para la vida de la comunidad. Los miembros, siendo distintos entre sí (boca, manos, pies...) están articulados por nervios y tendones que les permiten comunicarse y desarrollar su trabajo sin estorbarse unos con otros, más bien complementándose. Este es el sentido de la articulación en las CEB, cada persona, cada comunidad, cada parroquia, cada diócesis, cada región sabe que su aporte favorece la marcha general de todo el proceso. La articulación de las CEB, es básicamente la misma que en sus inicios, sólo que más grande y con mayor madurez. Inició en los años 70, conformándose de abajo hacia arriba:
La articulación implica:
El sentido último de la articulación es posibilitar la continuidad del proyecto comunitario de las Comunidades Eclesiales de Base.
FRUTO DE LA ARTICULACIÓN La articulación de las CEB en todos sus niveles posibilita:
PRINCIPIOS GENERALES Condiciones Eclesiales Las CEB de México nacen desde la vida de las parroquias, por la influencia renovadora de Concilio Vaticano II. Este modelo eclesial, sin embargo, vive en permanente tensión: Por su fidelidad al proyecto de Jesús y su compromiso con el pueblo pobre es una Iglesia perseguida. Su naturaleza comunitaria y participativa se confronta, en ocasiones, con relaciones jerárquicas y de autoridad al interior de la Iglesia; su voluntad de renovación se encuentra constantemente con estructuras anquilosadas de modelos eclesiales anteriores. Por iniciativa propia, desde los años 70, como un medio para superar las circunstancias adversas que se presentaron, las CEB empezaron a articularse, primero a nivel parroquial, posteriormente en las diócesis, en las regiones, y finalmente a nivel nacional. En cada nivel, la articulación dependió de diversos factores: el apoyo que recibían de sus pastores, la claridad del proceso, su vitalidad, la asesoría con la que contaban, la organización social de sus localidades... Desde sus orígenes la articulación de las CEB es flexible en todos sus niveles porque asume la diversidad de procesos que integra. Cada proceso define la forma más adecuada para articularse, incluido el tipo de representatividad y periodicidad. La articulación es producto de las condiciones eclesiales que, en cada etapa, se vivieron. Ello implica que, de modificarse las circunstancias que dieron origen a esta articulación, las CEB tienen la capacidad de adecuar sus redes a los nuevos tiempos. La articulación es un medio para seguir creciendo, no un fin en sí mismo.
Comunión Eclesial Las CEB tienen una eclesialidad basada en el principio de comunión. Son un nuevo modelo eclesial inspirado por el Espíritu Santo a la Iglesia y como tal, caminan con profundo sentido de unidad y pertenencia. No por ello, renuncian a su misión o a su sentido profético pues su praxis está fundamentada en la Sagrada Escritura y en el Magisterio de la Iglesia. Las CEB procuran participar activamente en todas las instancias y niveles eclesiales: la parroquia, los ministerios, las comisiones diocesanas, las comisiones episcopales a nivel nacional, en donde su aporte sea requerido.
Vinculación Social Las CEB tienen una incidencia social basada en el principio de solidaridad. Este nuevo modelo de Iglesia contribuye, desde los(as) pobres y excluidos (as), a la construcción de una sociedad justa y solidaria. Por su incidencia social las CEB se vinculan con organismos e instituciones que estén claramente a favor de la vida, que favorezcan a los pobres, que impulsen una organización fraterna, que promuevan la justicia, la dignidad de las personas, la participación ciudadana, la solidaridad, la paz, los derechos humanos, la democracia y la protección del medio ambiente.
Dos fuerzas de la articulación La articulación nacional se asienta sobre un doble principio: autonomía y consenso teológico-pastoral. El consenso teológico-pastoral es la fuerza unificadora del proceso nacional. Se logra un gran sentido de cuerpo debido al consenso teológico-pastoral que nace de todas las CEB. Hay un acuerdo comunitario en elementos teóricos y metodológicos, en cuanto a retos y obstáculos, tácticas y estrategias. Tanto las Asambleas como los Encuentros son instancias que generan consensos. Esto explica la similitud entre las comunidades del campo y la ciudad, del norte y del sur, recientes o antiguas. Una misma espiritualidad, una misma eclesiología, un mismo compromiso, un mismo sujeto: el pueblo; dan unidad y cohesión a la articulación nacional. |

























